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Mis labios están sellados

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Mis labios están sellados
con un lacre que estalla y me ennegrece.

Cosidos
con la oxidada aguja del silencio.

Candados
con la sangre de los míos
y mi sangre
mientras se relamen.

Me han sellado los labios
porque les aterra mi suspiro
odian lo que no me permiten decir
son titanes de mordaza
gigantes sepulcrales
se alimentan de la costumbre,
de embustes y de augurios;

Me han cosido los labios
porque mi suspiro los destierra
les arrebata su esencia
y gritan, porque su voz se oye en los confines
y vociferan, porque mi voz está atrapada en mi garganta

candada

se forma una bola
una alimaña
que me desgarra
y mi aullido se gesta
y mi suspiro, voz y aullido
crecen y me poseen y rompen mis labios
y rompen el sello, el hilo y el candado

pero es un sueño, porque no se oye
no se escucha
es tarde
no recuerdo
creo que me han hecho olvidar
o he olvidado
no lo recuerdo

en mis labios se ha desvanecido
aquello que anhelaba y no sé si ya anhelo.



Aprendizaje

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Vamos a invadirnos
empaparnos de sal y azufre
vamos a aprehendernos
vamos a dejarnos sin aliento
sin piel, sin músculos, sin huesos
descenderemos
hasta donde haga frío
hasta donde haga falta calor
hasta donde no haya ni vida
ni muerte y etéreos
sabremos

nos sabremos.

Distancia II

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Para Asier Tu piel, al tocarla, arde

a veces a veces imagino tus yemas dibujando sonrisas en mi ombligo; te imagino con los labios pegados a mis omóplatos y añoro tu nariz helada y tus orejas donde nunca cabe más rubor te imagino tanto que casi te haces tangible pero
a veces recuerdo cómo apartas la mirada cuando te digo que el otoño y tú sois igual de bellos; te recuerdo frente a mí anhelando acercarte tanto como para desordenar mis latidos y haciéndolo y te recuerdo tanto que casi te haces tangible pero
pero estás tan lejos y cuando lo recuerdo e imagino la distancia desapareces de mi piel y a veces a veces olvido cómo es tocarte y  me hielo.


Equinoccio

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En la noche de las luciérnagas los celos de la luna iluminaron el claro del bosque como si el sol fuera sonámbulo; y veinte estrellas suicidas cayeron en mi bolsillo, porque sí, escondido, estaba ahí para verlo.
Aquella noche la brisa desnudó a las ramas más débiles y las hojas sucumbieron paulatinamente, danzantes, bellas y murientes y guardé alguna en mi bolsillo, porque sí, escondido, estaba allí para verte.
En la última noche de las luciérnagas, me atreví a salir al claro y te vi, jugando con tus manos de lluvia a apagar la luminiscencia de aquellas que ponían celosa a la eterna luna, y mirando a tus ojos de mil marrones, te supliqué que guardaras el frío una noche más, que no nublaras el cielo todavía, y que bailaras conmigo, que solamente nos veíamos una vez al año.
Tus manos doradas tocaron mis brazos, y nuestras bocas inmarcesibles despertaron el inicio de una nueva estación.
Antes del alba, guardé en mi bolsillo la última luciérnaga viva, y me despedí de ti, que oscureciste y desnudaste al bosque los días y …

Distancia I

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Te siento entre las olas de mis manos en mi piel, de tus manos en tu piel, y entre las centellas sin tormenta que crearon, para siempre, mis yemas en tus yemas, tu lengua en mi lengua, y nuestros gemidos disonantes.
Todos los números que nos separan  son las caricias que te debo y cada instante añorando tu espalda una razón más para sabernos presos en nuestra jaula de libertad que siempre tiene la puerta abierta.
Me toco y te tocas. y los minutos escuchan nuestras respiraciones entrecortadas, aguardamos al ojo del huracán y el olor a orgasmo es el olor a nosotros.
La distancia entre dos almas se mide en lágrimas y en ansia a volver a tocarse. La distancia entre dos cuerpos se mide en auto-caricias y la ansia de volver a sentirse.
La distancia entre nosotros se mide en cada sonrisa causada por la belleza del otro, y la ansia de volver a amarnos.
Porque eso, eso nunca dejamos de hacerlo.

Hasta cuando sea

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Lo siento, me disculpo.

Perdón por mi ausencia y por mi presencia espontánea. Perdón por mi insitencia, y por escribir sin leer. Perdón a las palabras, por ponerlas en fila esperando a Godot. Perdón a los versos, a las estrofas, a los finales, por no querer significar nada. Perdón por obcecarme en ser poetisa, cuando nunca lo he sido ni lo seré porque a pesar de sentir la poesía nunca he sabido hacerlo bien, ni nunca sabré. Perdón por no escoger los términos correctos, por no conocerlos y por no hacer nada al respecto. Perdón por mi grandilocuencia en otras ocasiones, y perdón por inflar mis intenciones con vacío. Perdón por exigir a mi imaginación una tristeza bella, por mi orgullo y por haberme tapado los ojos ante todo esto.
No quiero seguir explotando la poesía, ni violándola. No quiero vivir sabiendo que no la supe amar. No quiero morir sin saber que al menos una vez le hice el amor y que ella me abrazó después. Lo siento, me disculpo.
Volveré al blog cuando recupere las tres r…

Micro IX

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Sentí que una flecha podría atravesarme el corazón pero que nunca me haría tanto daño como él. Él era mi anestesia.
-Mátame -suspiré agachada, pero con los ojos dirigidos a sus manos.- Hazlo de una vez.

Una breve mirada me recorrió los hombros de punta a punta. Varios silencios atravesaron mi corazón agujereado, y sus dedos me surcaron el cuello hasta que pude escuchar su aliento y sentir sus labios acariciando el lóbulo de mi oreja izquierda.
-Te quiero -pronunció él, y yo me lo bebí sin compartir ni una gota.
-Gracias.
Por fin el daño se redujo y cerré los ojos para descansar. Qué paz.